Niña Vero

Asfura

por Ruth Baza            

 

"Amanecer", Belén 2000; Niña Vero, óleo sobre lienzo.La primera vez que la ví estaba sentada en el suelo de la galería Art Tracción de Madrid, dibujando estrellas, espirales, soles y lunas en post its de distintos colores, y la confundí con la hija de algún amigo de Manolo, el dueño de la sala en la que se exhibe Alas, una colección de cuadros de distintos formatos y estilos, fotografías y pañuelos, en la que se recoge la esencia azafranada de sus periplos por Oriente, la inocencia naïf de los héroes de sus cuentos favoritos (Caperucita Roja, El Principito, Blancanieves) y la fuerza simbólica de sus ídolos, Haendel, Carlos V, Marco Polo, Homero, Leonardo DaVinci, Safo, Herodoto, Juana La Loca, Platón y Matisse.

Llevaba el pelo recogido como la princesa Leia y sus zapatos rojos asomaban con insolencia por encima de las campanas vaqueras. Como una flor de loto en medio de un salón de baile, la niña Vero (Verónica Alcácer, Burgos 1.973) pintaba con los dedos, en silencio, meditabunda, lejos del ruido mundano y los rayos del sol vespertino, hasta que un "hola" en voz baja y mi sombrero de ganchillo la sacaron del trance.

Menuda, pecosa, pelirroja, medio peinada, medio maquillada, un poco hippy, un poco Anaïs Nin, Vero, la niña viajera de los desiertos y los campos minados, la bailarina lesionada que vive a caballo entre Tours y su Burgos natal, la pequeña crisálida fotógrafa y cuentacuentos de brocha fina, se entregó a la conversación como se da al lienzo, el papiro y la seda salvaje, antes de partir a Israel y Palestina donde enseña a jugar a los niños a cambio de sus miradas adultas y sus dibujitos catastróficos. Esta es su historia. La historia de la mujer niña que convierte su obra en una auténtica lección vital.

P.- Niña, Niña Vero, no quieres crecer, ¿por qué?

R.- Porque la infancia eterna es la cualidad más noble y sabia que tenemos, la que nos sirve para transformar todo lo que ocurre en la realidad en su inverso.

P.- Me suena a juego, a jugar sin parar a pesar de la edad cronológica y las adversidades cotidianas...

R.- Es que es un juego. Reconozco que me aprovecho de mi imagen infantil porque me evita todos los problemas del mundo, a todos los niveles. El hecho de ser niña, Niña Vero, me permite decir lo que siento de verdad sin necesidad de ocultar, ni transformar, ni adulterar, ni vestir nada.

P.- No hace falta que lo jures. Desnudas a la vez que eres desnudable. Es como si no conocieras o no te importara la censura, el corte y la medida, tanto en tu obra como en tu forma de moverte por la vida.

R.- Yo me siento como si me alejara como un pájaro y pudiera ver las cosas desde todos los ángulos, desde arriba, desde la izquierda, desde abajo, etc, sin prisa y sin sacar conclusiones urgentes. De modo que las pienso y trato de expresarlas después partiendo de un punto del pasado que se extiende hasta el futuro, pero viviendo siempre a tope en el presente. Supongo que es una especie de reacción inconsciente ante lo absoluto y la nada pues resulta que todo es único y universal al mismo tiempo.

P.- Tú misma eres un ser en un millón y un millón de seres en un solo cuerpo porque pintas poemas, ejerces de poetisa de palotes y puntos, haces crónicas visuales de tus viajes, viajas sin reloj con la mochila al hombro y alguien podría llamarte relojera narradora de historias coloquiales que ocurren en "la espalda del mundo". Tan niña y tan osada...

R.- No sé si soy osada pero sí es cierto que no me quedo de brazos cruzados. He pasado épocas en que la intensidad de vida era tan fuerte y tan dura, he vivido realidades físicas y psíquicas tan intensas en lugares como, por ejemplo, Palestina, un país precioso pero sembrado de campos de refugiados y en guerra permanente, que no puedo obviar la miseria, el dolor y los errores que comete la humanidad.

He visto mucha desolación, muchos sentimientos oscuros y siniestros, y sólo puedo superar la tristeza que me han provocado a través de ésta, mi realidad paralela, que es la pintura. He llegado a la conclusión, que hasta en la muerte y la pena se puede encontrar un motivo para crear y creer en la belleza.

P.-Has estado en el frente y no solo has salido ilesa, sino que te has traído contigo cientos de testimonios hermosos transformados en ikebanas blanquinegros y bodegones rabiosos de personajes solitarios que no parecen tristes, sino orgullosos y hasta alegres. ¿Qué has aprendido de todas esas personas con las que te has topado en las zonas grises del planeta?

R.- Todo, porque todo procede de las afueras de uno. Yo siempre digo que cualquier viaje al exterior es en el fondo un viaje hacia el interior. La mayoría de mis cuadros parten de esa observación de lo que acontece en derredor que, mezclada con los momentos que tengo de meditación, hace que surja el primer punto al que sigue una línea y luego los planos. La pintura se convierte, pues, en un medio de expresión comparable a la poesía: los versos se transmutan en colores, las líneas se fugan y el movimiento preside la escena.

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